lunes, 16 de marzo de 2020

Práctico N° 2 Análisis de nota y entrevista a Fernanda García Lao

PARA SEXTO AÑO

Aquí les dejo una 
nota y entrevista a la autora Fernanda García Lao. 

El enlace es: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-2400-2005-12-23.html
Para realizar el trabajo y hacerlo más completo podés ver la entrevista en el programa Los siete locos: https://www.youtube.com/watch?v=QeVPJSWUNVw

TRABAJO PRACTICO:
En base a esta nota, realicen una reseña de quién es, como fue su vida y cómo es su literatura. Además responde: ¿Qué dice de su vida de exilio? ¿Del machismo argentino? ¿Por qué tiene mayoría de personajes femeninos o los pone en primer plano? ¿Qué cosas de la realidad argentina ve e intenta representar en sus cuentos? ¿En qué género de cuentos lo podés catalogar?

trabajo práctico N° 1 cuentos de Fernanda García Lao

PARA SEXTO AÑO

El presente cuento es, o son, un o dos cuentos de Fernanda García Lao, una de las mejores exponentes de la literatura argentina actual, fuerte, sólida, que sabe narrar ciertos invisibles que atraviesan nuestra realidad cotidiana. viene ganando premios a lo bestia. Yo la aprecio mucho así que se las comparto y la trabajamos.
Aquí van las consignas y luego lean con éstas en la cabeza. Luego las responden.

consignas:
1- ¿Qué le sucede a la protagonista del cuento Vertical? ¿Puedes reconstruir cómo vive por lo que dice el cuento?
2- En el cuento hay un cruce de dos clases sociales y cómo actúan cada una, al menos en la percepción de la autora. a- Describe las actitudes de ambas clases sociales. b- Explica si hay o no consideración de la otra clase social (es decir, si se respetan o abusan de su lugar o status). c- ¿Qué lugar de la mujer nos señala en la sociedad? ¿Encuentras alguna conexión con la cantidad de femicidios actuales?  d- ¿Qué termina diciendo la autora sobre la realidad social?
3- En el segundo cuento: Como usar un cuchillo:
   a- ¿qué sucede en el cuento y qué forma de contarlo tiene? ¿El formato de instructivo, receta, recomendación se puede entender como un cuento? ¿Nos deja elegir como lectores no ser victimarios? ¿Qué sensaciones te produce la crudeza del cuento? ¿Esa crudeza ayuda a hacer ver cierta realidad y de quien/es? ¿Por qué?
4-  en este punto: relaciona los cuentos con lo visto en el realismo en 5to y explica cual es el mensaje del realismo, que finalidad cumple. (puedes citar texto teórico si tuviste en quinto)


Cuentos 


Vertical       de Fernanda García Lao
          
          Esa mañana, se levantó en la cama de alguien rogando amor, entusiasmada. Fármacos en las rodillas y aquel hombre pequeño y bien formado mostrándole los dientes. Había tragado, había desaparecido para ser cubierta de polvo blanco. Rozó sus nalgas contra maderas astilladas en una danza de insecto mareado. Sus nalguitas sonrosadas cepillando la madera, sacaban chispas.
          Él llegó a su cuerpo con olor a amnesia, con los ojos entreabiertos y cerrados. Lapidario, humillante. Prendió un cigarrillo en su trasero y apretó las mandíbulas con dos dedos. Ella, absolutamente prendida y amarga, aunque parezca extraño, le dio besos de feria. Besitos de monstruo iluminado sin amor.
          Un aristócrata con olor a axilas, recibió el sable de honor mientras ella despertaba junto al bajito. Un general erecto tuvo que contener el aire para poder estrechar la mano de aquel joven de Alma Sucia que se derramaba por todos los poros, traspasando los órganos e infectando el exterior con su aire putrefacto.
          No eran sus axilas, era su mente la que se estaba descomponiendo.
          Ella se lo cruzó esa noche, al costado de la ruta. Él la invitó a subir a su vehículo polarizado. Era un cínico en potencia. El auto tenía olor a estúpido heredero y a ella le resultó interesante. Siempre estaba pensando artimañas para salvarse. Hablaron de una fiesta en algún lugar hacia el norte, donde nacen todas las fiestas, y hacia allá se fueron.
          El auto estaba bien equipado. Los asientos eran pieles de león entrenadas para causar impacto. El cínico comenzó a acariciarse la barbilla en señal de llamado erótico. Ella miraba hacia adelante y no podía entender por qué iba con ese inútil. Seguramente terminaría tirada sobre el baúl del auto, con la nuca bajo la luna.
          El tipo habló de las posesiones de su padre, mientras la miraba por el rabillo para comprobar que su fortuna hacía el efecto esperado. Tras el condominio en Cariló, detuvo el auto. Grupos de imbéciles con descapotables adornaban los costados de la calle privada, anticipando la fiesta.
          Música yanqui y el acaudalado metiendo a presión su lengua: Ella hizo bien el papel de niña desvirtuada.
          Cuando bajó del auto se sintió incómoda. Nadie parecía necesitarla. Había charla y algunas estúpidas diseminadas por el arbolado. Él la abandonó frente a la mesa del ponche. Un gordo servía y tosía hacia un costado. Ella dijo hola y el gordo frunció el entrecejo. Al cabo de unos instantes fue remplazado por un joven más saludable. Al menos en apariencia. El ponche sabía a talco.
          Un simulacro de orquesta tocaba viejos éxitos. Se paseó de aquí para allá al compás, sintiéndose ridícula. Tenía el ritmo alterado. Decidió ocultarse por un rato en alguna habitación de la casa. Mareada por el alcohol, eligió el picaporte de un hermoso baño verde. En el espejo vio algo triste. Su maquillaje estaba oscuro y terminaba chorreado hacia las orejas. Picó nerviosamente una aspirina. Se lavó la cara y apareció en el jardín frente a la mesa de las bebidas espirituosas. Pero tomó ginebra y adivinó lo que vendría después. Supo que iba a causar disturbios.
          Apareció el heredero con una amiguita entre sus garras. Le dijo que se sintiera libre. Era un subnormal. Después se alejó riendo y moviéndose como un payaso. El elenco de esqueléticas celebró sus morisquetas y después desapareció entre los arbustos. Ella quedó sola con el vaso vacío. Un dientudo con voz de goma se ofreció a llenarlo.
          No se veía el jardín, pero la fuente estaba iluminada. Eran ricos, centelleaban. Ella olía a ginebra y daba asco mirarla. Cómo la odiaron aquella noche. Los miró con desprecio, aunque reía. Y cayó en la fuente. Borracha como estaba y muerta de risa. Qué canalla, tirarse así medio desnuda, eructando. Todos la observaban. Ella no veía nada, mejor así. Los pelos rojos colgando a los costados de sus mejillas parecían llamas o mucha sangre prolija y vertical. Se doblaba en dos y daba lástima verla reír así.
          Aquel abejorro inquieto había deambulado por su corpiño y ahora la miraba entre los invitados como quien observa a un mono enajenado. Ella dijo de todo, gritó manga de hijos de puta, oligarcas del averno, me cago en Cariló. Su ira provocó un Oh, seguido de silencio. Qué pena que estuviera tan aturdida, hubiera podido disfrutarlo. Él estaba pálido y una lánguida mano se posó en su hombro en señal de apoyo.
          Los senos desenmascarados frente a aquellos ricachones, la boca abierta y balbuceante, quedó pésimo el eructo que les lanzó como un oráculo de Baco. Nadie quiso sacarla de la fuente.
          – Es parte del desenfreno, venía con el champán y con él se irá por el retrete- declaró el heredero dándole la espalda.
          El vestido empapado dificultaba sus movimientos, pero consiguió enderezarse y seguirlo con una botella en la mano. Sin poder contener la furia, comenzó a insultarlo. Levantó la botella, amenazante. Una rubia salió huyendo. Él ni siquiera forcejeó. La miró con desprecio. Ella cayó encima y él la inmovilizó cerca de sus sobacos. La pestilencia era insoportable. Aparecieron dos amigos musculosos. Ella consiguió estrellar el vidrio en la cabeza de alguien. Después de un breve infierno, sus medias estaban rotas. Fue usada como una muñeca de goma. Tres cerdos la forzaron en la glorieta y después se alejaron riendo.
          Apagaron las luces azules y prendieron la normalidad en toda la casa. Al jardín descendió un ejército de empleados. Limpiaron el lugar mientras revisaban los escombros. Había sangre y dolor en el sector de las rosas. Ella decidió desmayarse para no presenciar tanta decadencia. Estuvo tirada sobre la herida sin que nadie se percatara de su pena. El vestido estaba arruinado y apestaba. Había perdido los zapatos.
          Ya eran las doce de la mañana cuando recobró el equilibrio. La boca era pasto seco y no podía encontrar la cartera. Hizo a gatas los primeros metros y después se sirvió de un ficus para enderezarse.
          No era la primera vez que quedaba en evidencia. Hubo otras noches y otros vacíos. Esa rutina absurda había ocupado sus fines de semana durante los últimos tres años. La vuelta a casa era menos previsible. Siempre patética, pero distinta. El alcohol formaba dibujos en su sangre. La melena roja era una falacia. Ella entera mentía haciéndose pasar por una superficie fácil de acariciar. Detestaba no poder ser más racional y ordenada. Una mujer seria. De lunes a viernes hacía colas interminables con curriculum inventados para la ocasión y al atardecer, estudiaba computación. El fracaso semanal era compensado con el delirio y el escote.
          Un jovencito que vivía enfrente de su casa, la encontró lloriqueando ante la puerta. Las llaves estaban en la carterita y la carterita había desaparecido de su mano en plena juerga.
          Él trepó y abrió de un golpe la ventana. Después preparó café, pero ella estaba demasiado asqueada para tomarlo. El pulso le falló y derramó el contenido de la taza sobre las sábanas blancas. Él intentó acercarse, poniendo su mano en el muslo de ella. Pero recibió un mierda, como respuesta. El muy cretino se retiró dejando la puerta abierta. Ella debía ponerse de pie, cerrar y volver a la cama; no pudo moverse.
          La mancha de café ocupaba cada vez más espacio, así que durmió limitada al costado derecho. A las siete de la tarde la despertó un ruido. Se había caído al suelo.
          Llegó tarde a la academia con la cara totalmente amarilla. Su máquina estaba ocupada por una atlética con pantaloncillos y chicle. Tenía una boca con vida propia. El chicle iba y venía, giraba y explotaba en el aire como un satélite soviético. Un relamido con camisa rosa le informó que la habían cambiado de lugar. Se sentó en silencio y su migraña ocupó cada resquicio.
          Prendió la máquina y se quedó dormida. La voz del relamido fluctuaba entre la realidad y el sueño oscuro de ella. Movía sus dedos por el teclado como una sonámbula. Las voces se detuvieron. El sueño siguió en silencio hasta que unas risas lo invadieron, relinchos y comentarios a gritos. El sueño giró hacia atrás y en su lugar quedó el escándalo.
          Abrió los ojos. Su cabeza estaba apoyada contra la pantalla y una baba densa había empapado el teclado. Los estudiantes reían con desdén. El relamido y un tipo de seguridad, la invitaron a retirarse cuando ella amagó con revolear el Mouse sobre la cabeza de los presentes.
          Volvió a su casa. Recordó sus mezquinos sueños de grandeza: un auto, dos niños, un señor con miopía acariciándole una oreja. Cosas imposibles, abstracciones inalcanzables. Se hundió sobre su estómago, pero no había nada vomitable, solo ella, ella y sus pelos ralos.
          Abrió la ventana y se sometió al vértigo de verse desaparecer.
          El vecinito salió en la tele, mostrando la sábana sucia. Hicieron un plano de la caída y después la taparon como a una máquina en desuso. Fue trasladada en ambulancia, pero expiró a los pocos metros.
          Ni el sable, el enano o el vecino volvieron a pensar en ella.




Cómo usar un cuchillo       de Fernanda García Lao


a) Ella debe estar tirada, sucia, con las piernas violetas y el cuello roto.

b) Él será un asesino de las afueras, con las muelas enterradas hasta las mandíbulas. No importa la edad.

c) Sobre un suelo transpirado, sobre tierra hambrienta, la muerta deberá acomodarse y plegarse. Morirse rápido.

d) Él se tiene que ir rápido también, con los ojos secos llenos de delirio. Se olvidará el cuchillo en el vientre de ella y no volverá a buscarlo; ella se lo va a quedar bien hundido, clavado como una bandera.

e) Él subirá a un auto, arrancará y estacionará lo más lejos posible. Luego se meterá en la bañera, derramando agua. Se secará y observará con atención si hay sangre en algún sector de su cuerpo.

f) Pulirse las uñas prolijamente es muy recomendable.

g) Después, vuelva a su rutina, aunque la cara de su muerta se refleje en cada espejo con el que se cruce.

h) Una vez fallecida, ella deberá esperar a que alguien la encuentre una mañana. Alguien con un perro. Un vagabundo sin interés se quedará mirando y pensará otra muerta.

i) A nadie le gusta ser un cadáver anónimo. Lleve identificación si quiere ser reconocida. Si el perrito la olfatea que no toque nada. Oler sí, más no.

Recapitulemos:
El homicida encontró un cuchillo cualquiera, afilado. Y se puso a buscar un estómago donde enterrarlo. Un estómago de mujer, adormecido.

j) Por si ella no se dejara, él deberá elegir un campo grande para correr: Si no es aquí, será sobre aquellas matas, tengo quinientos metros seguros, luego están la ruta y el zoológico. El asesino es un simplista, por eso resuelve su vida a cuchilladas.

k) La víctima tendrá el pelo largo y la boca ancha. Salir a caminar y volver, porque se olvidó un pañuelo; siempre el objeto tiene la culpa, las cosas se confabulan con la muerte. Morir te vas a morir igual, pero te da rabia que te pinchen y te saquen de tu vida que era tuya y no se la prestabas a nadie. La víctima tampoco razona como un filósofo.

l) El suelo estará caliente cuando ella caiga como una torta de crema con los ojos ardiendo, o los oídos tapados, agarrando pedazos de hierba seca y luchando contra el envilecido: se sabe que no hay tiempo, un cuerpo tiene poco tiempo, se mata rápido. Estamos llenos de venitas frágiles y de pronto un demente te derrama y te deja toda al descubierto.

m) Después del crimen, algunos querrán quedarse solos con su muerta, antes de desaparecer. El homicida tradicional necesita perderse con la víctima, egoísta y masturbatorio. Quiere una pareja para clavarle el cuchillo. Sin cuchillo no sabe.

n) Es conveniente levantarse temprano, desayunar poco y caminar con la mirada alerta.

ñ) Búsquese una piedra y permanezca ahí todo el día. Sin moverse. A la espera. La víctima elegirá el momento.

o) Ningún asesino debería bañarse antes de salir de casa, porque, obviamente, tendrá que hacerlo después y sería un gesto inútil.

p) Acomódese con el sol de frente, escondido bajo su negro pensamiento. Piense cosas obtusas, construya en su mente escenas macabras.

q) La víctima llegará sola, poéticamente, y se pondrá frente a sus ojos. Por ahora, se despereza y se rasca. Es tarde y da vueltas, perezosa con el destino.

r) La víctima tiene que bañarse antes, porque la muerte es brillo.

s) Cuando el sol haya comenzado su huida hacia el oeste, un hombre cualquiera, seguido por un perro, estará metiendo los pies en un río.

t) Una muerta disponible se peinará y se pondrá los zapatos plateados. Se olvidará la cartera y estará obligada a caminar por la ruta. Sobre unos zapatos afilados como el cuchillo. Decidirá acortar camino.

u) Cualquier bosquecito oloroso es bueno para esconder el crimen.

v) El asesino deberá usar un cuchillo acorde con su ira. No importa la empuñadura. La hoja es lo que cuenta. Inversamente proporcional a su delirio.

Ojo si de pronto:
1. El sol desobedeciera su rutina y se acomodara sobre el pelo de ella. El asesino se dormiría acalorado, desperdiciando la escena.
2. El perro abandonara al vagabundo dueño con un ataque de pánico. Si ladrara y se fuera como loco sin razón, la muerta cambiaría de lado y se iría hacia la piedra del asesino como una sonámbula. Delicadamente, introduciría su mano helada en el saco del asesino y si la hoja afilada no le pareciera muy fría, intentaría clavar y acabaría modificando el hecho.

Recuerde:
Un criminal quiere matar y ninguna muerta quiere morir, lo que anticipa una batalla violenta. Con los ojos cerrados, él tirará cuchilladas y sacará pedazos de aquella extraña que lo ha seguido.
El asesino es un muelle de acero, la muerta crujirá como un barco que se hunde y se morirá dos o tres veces. Tantas cuchilladas le han puesto.

w) Si el asesino se despierta tarde y la encuentra con la mano en el cuchillo, ella deberá clavarle dos veces el corazón. Para quedarse tranquila. Una de rabia y otra por seguridad.

x) Así, con el sol de frente, él morirá y ella abandonará la piedra renovada.

y) Si ve a una mujer feliz seguida por un perro, huya.


* Fernanda García Lao: (Mendoza, Argentina, 1966)
Hija de periodistas que debieron exiliarse en Madrid, vivió en España entre 1976 y 1993. Ha escrito y dirigido varias obras de teatro.  Publicó las novelas Muerta de hambre (Primer Premio Fondo Nacional de las Artes); La perfecta otra cosa; La piel dura; y Vagabundas, ambas en 2011. El cuento que publicamos pertenece a su libro Cómo usar un cuchillo (2013).





saludo inicial

Hola alumnos/as. los saludo por este medio porque no nos hemos visto. Aquí les dejo trabajo para complementar este tiempo de cuidado que hay que tener.
Saludos y nos contactamos por el grupo de wasap y si necesitan, dejen su comentario por aquí también. éxitos y buen cursado de último año.